ARTICULO EDITORIAL DEL SEMANARIO “LA VOZ DE LA CALLE”
por el Director Carlos Burmester Landauro
(Paris, 27 de Abril de 2016)
Ni la prensa, como institución democrática ni los periodistas como células comunicadoras entre el pueblo y sus esperanzas, podemos soslayar la grave responsabilidad que el país afronta como resultado de las elecciones realizadas el pasado cinco de abril. Y hay que decirlo sin tapujos, cobardías o corruptos acomodos.
Si en las elecciones de Junio el partido político-familiar cuya cabeza es el expresidente Alberto Fujimori, por la voluntad del propio pueblo peruano reflejada en las urnas, logra alcanzar el control de Poder Ejecutivo y con ello el de todo el país, estaremos enfrentados a una realidad política aún más grave que la de un golpe militar como los que el Perú sufriera en años pasados. Y eso, visto desde de que los actos de una dictadura legal no pueden ser corregidos como sí lo son los otros.
La mayoría aplastante de 71 votos en el Congreso lograda con el calculado e irresponsable apoyo de los más importantes concentrados mediáticos del país a lo largo de los últimos ocho años dará pábulo , por los antecedentes políticos del partido victorioso, a la imposición de voluntades y a la ejecución de actos en la vida y modos del Estado peruano que no pueden ser ni contenidos ni equilibrados como deberían serlo desde el punto de vista de la justa expectativa de una sana vida democrática del país. La anunciada amenaza, expresada por una de sus más conspicuas representantes, de anular los fallos judiciales aterroriza, como comenta la prensa europea, al país entero. En África, donde un dictador presidente ha sido reelecto con el ¡98%! de los votos, en los últimos años hemos tenido y aún tenemos claros ejemplos de lo que ello significa. Nada ni nadie podría detener esa aterradora situación política.
Uno de los objetivos que a más peligro estaría expuesto es la Libertad de Prensa, Información y Opinión, destruidos de una manera inolvidable durante los gobiernos del jefe del fujimorismo durante los años entre 1990 y 2000. Hecho que los poderosos responsables de los más grandes medios de comunicación peruanos y los sectores económicos que los respaldan no deberían haber olvidado tan fácilmente. Grandes medios de la TV y la Radio sometidos, prensa independiente acosada, amenazada o clausurada como se intentó hacer con Radio Libertad de Trujillo el 9 de diciembre de 1999. Abuso que no llegó a producirse por la enérgica intervención de 33 congresistas nacionales que actuaron en pocas horas poniendo en jaque al Ministro de Trasportes y Comunicaciones de ese momento. Hoy, ese abuso que se pretendía cometer con la más antigua y prestigiada emisora de provincias, sin fuerzas que equilibren el poder de la mayoría, se consumaría irremediablemente. Y con ello, tradición, historia y hasta propiedades, acciones y derechos se verían conculcados tal es la convicta naturaleza de las fuerzas predominantes. Nadie puede negarlo.
¿Puede el periodismo peruano afrontar con responsabilidad la situación que se nos viene?. Esa es la disyuntiva y el compromiso con la historia que los periodistas debemos asumir. Fácil será para algunos acomodarse a los hechos y usufructuarlos y es claro y obvio que este mensaje no esté dirigido, precisamente, a ellos. Más si, a los periodistas que entienden su deber de otra manera, el de defender la libertad de los seres humanos, su deber a expresarse, a informar y a ser informados de todo lo que suceda en su patria como un derecho irrenunciable, tal como la propia humanidad lo ha ratificado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
O en todo caso, para honra de ellos mismos, aprestarse a combatir y defenderlos.
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